✨HACERNOS PRESENTES

¡Qué alegría que volvamos a encontrarnos en este nuevo círculo! ¿Sabés algo? Nos encanta pensar cada tema para vos y siempre lo hacemos con mucho amor. Porque cada reflexión, cada charla que tenemos juntos, nos enriquece y nos transforma. Por eso, esta vez elegimos un concepto tan bello como potente: la necesidad de HABITAR nuestra vida y nuestro entorno de una manera más conectada, más consciente. Sobre eso queremos hablarte en nuestro editorial. ¡Te invitamos a descubrir todos los contenidos de esta hermosa edición! 

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Parece lo más natural del mundo: HABITAMOS porque estamos en un lugar y en un momento determinados. Sin embargo, HABITAR significa mucho más que eso. Quiere decir que, sin importar dónde nos toque estar físicamente, siempre podemos ser los moradores de una dimensión mayor que nos impulse a vivir con mayor presencia y compromiso. De eso irá este nuevo círculo. 

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Hacernos presentes

Acá, así, ahora. Este lugar del mapa que hoy nos toca (o, mejor dicho, que de una manera u otra elegimos), es mucho más que un lugar físico. Somos un cuerpo, un alma, un hogar, una comunidad, un mundo entero que gira flotando en medio del cosmos. Desde lejos, habitamos ese “Pale Blue Dot” (punto azul pálido) del que habló el astrónomo estadounidense Carl Sagan, cuando en 1990 la icónica imagen de la sonda Voyager 1 retrató a la Tierra como una esfera pequeña y luminosa a millones de kilómetros de distancia.

En verdad, eso es lo que somos: un puntito, apenas. Sin embargo, también hay en nosotros algo enorme, como si cada uno llevara en su interior un firmamento lleno de estrellas. Habitados por emociones, esperanzas, encuentros, anhelos, acciones, pensamientos, proyectos y sueños, vamos delineando nuestros universos particulares. Y con cada aprendizaje, cada dolor, cada nueva oportunidad que nos regala la vida, tomamos una consciencia mayor de ese regalo que es ser los moradores de la dimensión humana. 

Proveniente de la palabra en latín habitare, habitar significa, de acuerdo a su raíz etimológica, “tener de manera reiterada”. ¿Y qué es eso que tenemos tan reiteradamente? A nosotros mismos, en cualquier espacio o situación, con el solo ejercicio de volver a nuestro hogar interior para hacernos presentes. Y luego, también, tenemos a otros, con quienes convivimos en una casa grande que habitamos para habitarnos, una práctica cotidiana a pura prueba y error en el que nuestra existencia adquiere verdadero sentido. 

Somos, porque estamos. Estamos, porque somos. Registrarnos y registrar nuestro entorno es parte del viaje que iniciamos cuando nacemos, y son esos descubrimientos los que nos permiten avanzar, fluir, trascendernos. En el trayecto, siempre podemos recalcular y detenernos para habitar otras casas, otras ciudades, otros vínculos, otras formas de ser y de estar. Respirar, contemplar, probar y darnos espacio es una parte vital de nuestra esencia, y por eso debemos hacernos lugar. Así, nos llegará el gran momento de elegir dónde queremos echar raíces. 

“Nuestra mayor libertad es la libertad de elegir nuestra actitud”, señaló el filósofo y logoterapeuta austríaco Víktor Frankl. Él, que se vio obligado a ser habitante de un campo de concentración durante el nazismo, decidió cultivar la riqueza de su mundo interior para vivir la vida de manera resiliente y sin resignación, a pesar de transitar en carne propia una de las más terribles experiencias que le tocó vivir a la humanidad. Convencido de que darle un sentido a la vida es un propósito que todos podemos y debemos encarnar, nos dejó, a su vez, otra valiosa reflexión: “Cuando ya no podemos cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”.

Por eso, habitemos donde habitemos, debemos asumir la responsabilidad y el compromiso de hacernos presentes, para estar donde verdaderamente queremos estar. Y, si así lo decidimos, siempre podremos irnos de aquella maceta que nos quedó demasiado pequeña y donde ya no sentimos el ímpetu ni el deseo de florecer. Porque plantar nuestras semillas en un terreno más grande es una opción que siempre tenemos a mano. Para ampliar nuestras redes y multiplicar nuestro impacto, haciendo del hábitat que elijamos un escenario más fértil para nosotros y para los demás. 

De habitar con consciencia el mundo y también a nosotros mismos, se trata este nuevo círculo. Porque la vida tiene un significado profundo en cualquier circunstancia y bajo cualquier condición, pero nadie podrá recorrer por nosotros el camino que nos llevará a encontrarlo. Será nuestra la tarea de explorar ese universo interior, para que todas las luces que llevamos dentro puedan brillar con más fuerza y nos acompañen en las noches oscuras. Porque aunque seamos un punto azul pálido perdido en medio del universo, el misterio que nos habita, que habitamos, es infinito. 

Por María Eugenia Sidoti

«Yo habito la posibilidad,
una casa más bella
que la prosa,
más numerosa de ventanas
y más rica de puertas.

De habitaciones
como cedros inexpugnables
para el ojo
y que tiene por techo perdurable el cielo.
Con bellos visitantes
y esta tarea:
extender mis estrechas manos
para aferrar el paraíso».

EMILY DICKINSON

Poeta estadounidense

🌿¿CÓMO HABITÁS TU VIDA?

Sí, lo sabemos: no es una pregunta sencilla. Pero sin duda tenés algo para contarnos, porque sabés HABITAR a tu manera y de acuerdo a tus propios deseos y reglas. Si no es así, ¿qué te está impidiendo lograrlo? ¿Y qué te gustaría que charlemos en comunidad durante este círculo, para ayudarte a encontrar «eso» que te está impidiendo habitarte de una manera más genuina? Queremos ser parte de tu historia.  ¡Escribinos! hola@circulosophia.com

🌈¿Estás donde querés estar? ¡Contanos!

Siempre se trata de HABITAR. De hacernos presentes en nuestro cuerpo, en nuestras emociones e ideas, en nuestros vínculos con otros y con el entorno. Y no hay nada más inspirador que elegir dónde y cómo hacerlo, sin dejarnos llevar por lo que otros quieren para nosotros, o por esas creencias y mandatos que ya no nos definen. ¿Estás realmente habitando la vida que querés? ¿Estás buscando nuevas herramientas para lograrlo? Contanos qué te hace sentir este tema…

Queremos estar cerca, compartinos todo lo que quieras enviando un correo a hola@circulosophia.com ¡Te leemos!

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No hace falta aislarse de todo. A veces, con pequeños hábitos diarios, podemos generar grandes cambios en nuestra mente, cuerpo y corazón. En esta nota, te regalamos siete lecciones sencillas para aplicar la esencia del zen en tu día a día, semana a semana.

Habitar la pausa

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La terapista ocupacional María Guadalupe Díaz Usandivaras nos ayuda a ver que, cuando nos damos espacio, aparece una gran oportunidad para el bienestar, el autoconocimiento y el autocuidado.

 

Rehabitar el mundo

Por Fabiana Fondevila

Las plantas de las veredas tienen una historia más antigua que la nuestra. Los pájaros comunican sus noticias a viva voz. Los insectos horadan espacios para la vida. Las nubes dibujan la geografía del cielo y las estrellas hablan con el idioma de la luz. Nos rodea un mundo vivo y vibrante que apenas conocemos, y que rara vez sentimos como propio.

En un día cualquiera puede que conectemos con la naturaleza que nos rodea en algún instante azaroso. Quizás echemos una mirada rápida al cielo, admiremos la luna cuando traza un arabesco perfecto en la negrura o nos detengamos a admirar algún puesto de flores. En vacaciones nos permitimos vivir un amorío fugaz con el mar, el río, el silencio verde de la sierra. Pero si somos sinceros pensamos a la naturaleza más como un lugar para visitar que como propone el poeta naturalista Gary Snyder- como el único y verdadero hogar.

¿Qué es la naturaleza? Quizás convenga empezar con una definición por la vía negativa. La naturaleza no es:

> El paisaje lejano que espiamos por la ventanilla, camino a alguna parte. No es algo «ahí afuera», no es una idea ni un horizonte, no es un otro.

> No es la Tierra del Nunca Jamás (que les dio a Peter Pan y sus amigos el don de permanecer niños para siempre); no es bucólica ni perfecta. 

> No es cruel, sangrienta y del todo impredecible. No es un recurso diseñado a la medida de las necesidades humanas. En palabras del teólogo naturalista Thomas Berry: «El mundo no es una colección de objetos, sino una comunidad de sujetos».

> No es «lo único verdadero» mientras que todo lo creado por el ser humano es «falso» o «artificial».

No es sencillo dar una definición positiva, precisa y completa de una realidad tan amplia y fundante, pero quizás se aproxime decir que la naturaleza es la fuerza vital y primigenia que nos atraviesa a cada instante, la que nos anima y nos mantiene vivos. Somos naturaleza y lo somos todo el tiempo, sin importar cuán lejos o cuán cerca la percibamos en cada momento. Somos naturaleza, aunque nos encontremos encerrados entre muros de cemento, sin una ventana ni una estampilla de cielo a la vista. Y la lámpara, la cama, las pantuflas y hasta la computadora —dicen algunos autores— son “naturaleza secundaria”, porque no creamos nada si no es a partir de esa materia prima. 

¿Dónde reside la naturaleza en nosotros? Kathleen Dean Moore, docente de Filosofía Moral y Filosofía de la Naturaleza, lo dijo así en una conversación que compartimos acerca del concepto de «lo salvaje: «En la luz que calienta nuestra piel, en el aire que respiramos, en el agua que tomamos, en el hierro en nuestra sangre. Estamos hechos de tierra y la tierra está hecha de las estrellas. Creo que esto nos convierte en criaturas de la naturaleza».

¿Algo puede cercenarnos de este vínculo? «Nada puede suprimir lo salvaje en nosotros. Lo que sí puede perderse es la conciencia de ello. Y esta es una pérdida importante», sostiene Dean Moore.

Nada puede escindirnos del vínculo porque nuestros vínculos nos definen, incluso desde el punto de vista biológico. Así lo asevera David Haskell, profesor de Biología de la Universidad de Tennessee y autor de Las canciones de los árboles:

“Somos todos (árboles, humanos, insectos, pájaros, bacterias) pluralidades. La vida es una trama encarnada. Estos sistemas vivos no son lugares de unicidad benevolente. En vez, son lugares donde las tensiones ecológicas y evolutivas entre cooperación y conflicto son negociadas y resueltas. Estas luchas muchas veces terminan no en la evolución de individuos más fuertes y desconectados, sino en la disolución del individuo en el vínculo”.

Dado que la vida es trama, no existe una «naturaleza» o un «entorno» separado de los humanos —subraya Haskell—, ni somos los seres «caídos» de la naturaleza, como sugirieron poetas románticos como William Blake. «Nuestros cuerpos y nuestras mentes, ‘nuestra ciencia y nuestro arte’, son tan naturales y salvajes como lo fueron siempre», declara Haskell.

Así y todo, siendo hijos de la tierra y las estrellas, creamos una cultura ambiciosa que nos convenció de nuestra propia autonomía. Nos sentimos y actuamos como seres poderosos, superiores, autosuficientes. Nuestra interacción con el planeta se parece cada vez más a la de señores feudales con su señorío: le otorgamos migajas de nuestra atención y a cambio le pedimos todo.

Esta visión no solo está agotando las reservas del planeta, también nos está erosionando el alma. El vínculo entre la naturaleza y el alma está presente hasta en el lenguaje. El ya citado Bill Plotkin, guía de búsquedas de visión chamánicas, señala que «naturaleza» viene de natus, «ser nacido» o «nacer», y que la naturaleza de una cosa es «el principio dinámico que mantiene unida a una cosa y le da identidad». En otras palabras, es la esencia. «Dado que el alma humana es el núcleo esencial de nuestra naturaleza, entonces, cuando somos guiados por el alma, somos guiados por la naturaleza», dice Plotkin. ¿Hay algo que podamos hacer para enmendar este vínculo? ¿Estamos a tiempo de restablecer nuestro parentesco?

Mucho. Viviremos en casas de cemento, nos moveremos de un lado al otro en cajas de metal, pero el aroma de la tierra nos encuentra al fin donde vamos. Indica el poeta y granjero Wendell Berry: «La tierra bajo el césped sueña con un bosque joven, y bajo el pavimento la tierra sueña con céspeď. 

Podemos dar curso a ese anhelo, podemos volver a pertenecer. Veamos las maneras.