Carolina Navas: “Como pensamos sentimos y como sentimos actuamos”

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Por Paz Berri

Ya lo sabemos: cuanto más trabajamos la aceptación y abrimos la cabeza hacia nuevas posibilidades, más flexibles podemos ser. Pero, para esto, tenemos que revisar ideas instaladas, creencias limitantes, y volver a mirar. Necesitamos hacer un gran movimiento cuerpo-mente-alma que nos permita derribar aquellas resistencias que ponemos frente a lo que la vida nos presenta y no podemos controlar. Sí, existe otra manera de hacer las cosas. Y el viaje es hacia adentro. 

Para dejar de alimentar nuestra rigidez, podemos hacernos una pregunta que es mágica: ¿Y por qué no?”, nos dijo la psicóloga Carolina Navas, especialista en psicoterapia integrativa, a quien entrevistamos para esta nota. 

—Caro, ¿cómo definirías a una persona flexible en relación a una rígida? 

—Una persona flexible es la que se adapta a lo que la vida le va trayendo. Esto puede ser un suceso que no esperaba, algo que implique dolor, o una situación tan simple como estar atascado en un embotellamiento. Es alguien curioso, creativo, que va a buscar siempre qué puede hacer con lo que sucede. En cambio, las personas rígidas están muy instaladas en la queja y la victimización. Aquello que tenga que ver con incomodarse no les va a gustar. Quieren hacer todos los días lo mismo y esperan resultados distintos. 

—¿Me darías un ejemplo?

—Por ejemplo, si una persona flexible está atrapada en un embotellamiento, elige poner música o llamar a alguien para charlar (va a tratar de buscar qué hacer en ese tiempo, que no la conecte con la frustración y el enojo). Esto hace que la flexibilidad esté más del lado de la salud, porque hay movimiento, hay fluir, hay alternativas. En el caso de la persona rígida, está esperando que todo el tiempo suceda lo que ella quiere que suceda. Entonces, cuando no puede controlar la realidad, se enoja. Tiene muy baja tolerancia a la frustración, vive angustiada, no acepta ni un mínimo de incertidumbre. 

—¿Nacemos flexibles/rígidos o nos vamos haciendo así? ¿Podemos cambiar?

—Hay factores predisponentes y otros determinantes. Así es en todo. Por ejemplo, podés tener “una tendencia a engordar más fácilmente”, pero también hay factores determinantes que vienen de afuera y te lo pueden activar, o no. Y acá pasa lo mismo: somos más flexibles o no porque hay una predisposición (“no nacemos de un repollo”), pero también hay factores determinantes del afuera que lo refuerzan o despiertan. Yo creo que todos podemos cambiar, si nos damos cuenta que la forma en la que estamos respondiendo ante la vida nos causa sufrimiento. 

—Entrando en el tema de creencias y flexibilidad, ¿qué son las creencias? 

—Todos tenemos una voz interna que nos habla las 24 horas. Es como una radio que está encendida en la misma frecuencia. Dicha frecuencia emite en loop pensamientos que se nos van grabando. Algunos de esos pensamientos se transforman en creencias potenciadoras (aquellas que nos impulsan a actuar en pos de nuestros objetivos, a crecer y ponernos en contacto con nuestra mejor versión), y otros en creencias limitantes (que generalmente son la mayoría y aparecen en automático). 

—¿Cómo funcionan las creencias limitantes?

—Son las que nos ponen en contacto con el miedo, la ira, la frustración y, por ende, van contra nuestro amor propio. Nos quitan la fuerza para generar ese nuevo hábito que hace tiempo postergamos, o ese cambio que tanto deseamos (renunciar a nuestro trabajo o salir de un vínculo que nos resulta tóxico, por ejemplo). Mientras más rígidos somos, más arraigados a las creencias limitantes estamos. Por eso nos cuesta tanto cambiar, porque para cambiar tengo que abrirme a lo nuevo, que en principio es incómodo.

—Me gustaría ampliar esta idea…

—Dice una frase de Jiddu Krishnamurti: “No vemos el mundo como es, sino como somos”. Esto es un claro ejemplo de cómo al estar tan convencidas de lo que nos decimos (sin siquiera cuestionarnos), vamos construyendo un filtro mental. Es como si mirásemos la realidad —y a nosotros mismos— con lentes de sol. No vemos con claridad, sino más oscuro. Y a pesar de que nuestros pensamientos nos resulten molestos, llegamos a creer que son verdades absolutas. Así nos vamos volviendo cada vez menos flexibles, porque siempre nos contamos lo que sucede con esos lentes puestos. 

—¿Con qué se relacionan nuestras creencias? ¿De dónde vienen esos “anteojos”?

—Cada una de estas creencias tiene un origen, y para encontrarlo es necesario revisar la historia personal. Estas frases se fueron grabando no solo desde lo que te decían de niña, sino también desde lo que observaste. Y pueden estar en relación a tu mamá, papá, a una abuela, una maestra, una amiga, una profe de deporte, o cualquier persona que haya sido significativa en tu vida, ya que sus palabras expresaban su forma de ver el mundo y eso era lo que te transmitía. 

—¿Podrías darnos algún ejemplo sobre este tipo de creencias?

—Algunos ejemplos pueden ser: “Sos mala en los deportes”, y hoy te encontrás procrastinando esa actividad que tanto te gustaría. O “No llores por esas pavadas, hay cosas peores”, y hoy te cuesta expresarte abiertamente. O “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, y hoy estás desbordada porque creés que podés hacer todo y que dejar algo sería terrible. Todo esto nos lleva a ver el poder que le seguimos otorgando a voces que quizás no nos pertenecen y que debemos revisar, porque de acuerdo a cómo te estés hablando es cómo te vas a sentir, y actuar. Me gusta siempre pensar esto de que “como pensamos, sentimos y como sentimos, actuamos”.

—¿Creés que, en general, tenemos una mirada rígida ante la vida?

—Hay una forma de mirar que hemos incorporado en forma generalizada. Es decir, como sociedad estamos acostumbrados a mirar la vida en blanco-negro, feo-lindo, bueno-malo, todo-nada. Así dejamos de ser flexibles, porque respondemos siempre desde el mismo lugar, desde lo que en psicología de la Gestalt llamamos polaridades. Nos volvemos poco flexibles o rígidos porque no buscamos los grises, las variables que existen entre esos dos polos. A este filtro se lo llama pensamiento binario.

—¿Y por qué nos condiciona?

—Es una fuente de sufrimiento o de malestar porque nos sentimos atrapadas en una constante rumiación, sin poder accionar. Entonces, mientras más polarizada sea nuestra mirada, mayor será nuestra angustia, ansiedad o enojo. De ahí la importancia de empezar a cultivar una mirada más flexible, que tienda a integrar la realidad, o al menos que se acerque a ello. Esto es ser flexibles. En la vida hay grises, y en la integración está la posibilidad de cambio. No todo es blanco o negro.

—¿La flexibilidad se relaciona con el “aflojar”, “soltar”, “fluir”? ¿De qué depende que podamos ser más o menos flexibles?

—Parte de cultivar la flexibilidad es fluir, soltar, pero sobre todo, aceptar. La vida es lo que es, no es lo que nos gustaría, ni siquiera lo que debería ser. Es lo que es, y mientras más te resistas a eso, mayor será tu malestar. 

—¿Por qué es importante trabajar la aceptación para lograr ser más flexibles? 

—Ser flexibles y aceptar no quiere decir que no te duela, no te enoje o no te importe. Sino que encuentres o aprendas a desarrollar recursos para acompañarte en el proceso, para adaptarte a lo que la vida te ofrece aquí, ahora y así, entendiendo que la solución no está afuera sino en vos. La aceptación es consecuencia de la flexibilidad: cuando soy flexible, me cuesta menos aceptar la realidad. Y en la medida que me cuesta menos, más fluyo. Y más alternativas veo.

—Alguien dijo hace poco en una reunión de sumario, que “cuanto más me resisto a la realidad, menos estoy aceptando, y más rígida me pongo”. ¿Creés que es así?

—Si yo tengo en mi casa un limonero, y todas las mañanas salgo a ver si me da ciruelas, hay algo que no estoy aceptando. Tengo que aceptar qué es lo que hay, y desde ahí ver qué alternativas puedo tener o generar. Cuando todos los días me digo que el limonero me debería dar ciruelas, la paso mal. Ahí quedo más rígida, y no puedo tomar con apertura lo que el limonero tiene para darme. Cuando dejo de pelearme con la realidad, dejo de resistir y puedo empezar a ver posibilidades, me vuelvo más flexible. 

—¿Qué recursos podrían ayudarnos en todo esto?

—Creo que tiene mucho que ver con el autoconocimiento: poder ir hacia adentro, tener capacidad de autoobservación, de acompañarte con amor, con paciencia. Es importante tener una actitud compasiva con nosotros mismos (ser pacientes, amorosos). Y es fundamental estar en contacto con la creatividad, incorporar alguna actividad o hábito nuevo. Otra cosa que siempre impulso es la de no etiquetarnos. Si yo digo “soy una desordenada” en lugar de “estoy desordenada”, condiciono mi posibilidad de cambio, me vuelvo más rígida. Liberarme de las etiquetas que me pusieron o que me pongo alimenta mi flexibilidad. 

—¿Por qué ser flexibles nos beneficia tanto en la vida?

—Porque aumenta nuestro amor propio. Porque si soy flexible siento que puedo, y si siento que puedo genero autoconfianza. Y si confío en mí misma, sé que voy a encontrar cómo afrontar lo que pase afuera. Por eso creo que las personas flexibles son más felices. Porque tienen capacidad de resiliencia. Porque capitalizan lo que atraviesan para su crecimiento. Ojo: no es que la persona flexible no sienta dolor, enojo o angustia. Sino que ve qué hacer con eso, aceptando la situación. 

—¿Cómo entendés la felicidad?

—Hablo de una felicidad entendida por “estar en paz”. No puedo estar en paz si todo el tiempo estoy en guerra con lo que sucede afuera. 

—¿Por qué es importante que cuestionemos nuestras creencias limitantes?

—Esto sirve para que veamos que no todo lo que nos estamos diciendo es una verdad absoluta. Que muchas veces tiene que ver con cómo aprendimos a hablarnos, o con cómo nos hablaron. Y acá es importante que empecemos a generar la propia voz. Cuidar mucho cómo nos hablamos es un gran recurso.

Caro, ¿algo más que quieras agregar?

—Me gustaría cerrar diciendo que tal vez la pregunta no sea ¿Cómo puedo ser más flexible? Sino que, tal vez, la flexibilidad sea empezar a preguntarme ¿Qué necesito hoy? ¿Qué deseo hoy? ¿Qué me da paz hoy y qué me la quita? La flexibilidad no está en ser de un modo u otro. Puede que hoy disfrute de acostarme a las 21 y mañana, que tengo un cumpleaños, me permita ir a dormir más tarde. Jugar con esos polos es ser flexible, y es vivir integradamente y en equilibrio.

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