«En lugar de seguir tu ruta habital, podés crear una nueva»

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En la heladera de mi casa tengo un imán que dice “Si buscas resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo”. También en el balcón, un cartel de chapa que reza: “¿Tomás algo para ser feliz? Sí. Decisiones”. Estas frases me acompañan cada día. No digo que repare en ellas siempre, pero a menudo, revolotean en mi cabeza. Y me hacen “volver a mirar”.

En una de nuestras últimas reuniones de sumario de diciembre, empezamos a tirar ideas “para intentar cosas distintas” (“intentar” es la palabra del mes). Y entendimos cómo esta actitud, sólo surge si ponemos intención y voluntad. Porque ante la posibilidad de cualquier idea de cambio, nuestro cerebro se va a resistir. Y debemos estar muy atentas.

Charlamos con Laura Lewin, oradora TEDx y autora de 12 libros sobre educación, y si bien ella nos asegura que el camino no es fácil, también afirma que es posible: podemos salir del piloto automático (desechando esta idea de que hacemos las cosas de una manera “porque siempre se hicieron así”), y comenzar a pensar diferente, diagramando nuevas rutas mentales.

Laura, ¿es posible cambiar hábitos?

—Cambiar hábitos es posible, pero bastante difícil. Partiendo de la neurociencia, es totalmente posible gracias a la capacidad del cerebro para adaptarse y aprender cosas nuevas, lo que se llama plasticidad cerebral. Esto sería algo así como reprogramar un camino en tu mente: en lugar de seguir la ruta habitual, creás una nueva.

¿Cómo se forman los hábitos?

—Los hábitos se forman porque ciertas acciones nos hacen sentir bien, y repetirlas fortalece esa sensación. Pero, para cambiar un hábito, primero necesitamos ser conscientes de él, entender por qué existe y qué lo mantiene. Después, en lugar de solo intentar dejarlo, es más efectivo reemplazarlo por uno mejor. Este cambio requiere práctica y repetición: cuanto más lo hacemos, más natural se vuelve. También es importante prestar atención a lo que desencadena ese hábito antiguo, y ajustar nuestro entorno para apoyar el nuevo comportamiento.

¿Podrías darme un ejemplo?

—Por ejemplo: si todas las noches me llevo un paquete de galletitas a la cama y no me gusta ese hábito, puedo empezar por dejar el paquete de galletitas lo más lejos que pueda, para que me dé fiaca ir a buscarlas, y poner un libro en la mesita de luz. La idea es reemplazar el comer galletitas antes de dormirme con algo de lectura. Con paciencia y esfuerzo, el cerebro aprenderá y adoptará estos nuevos hábitos. Pero claro, no es sencillo. Si cambiar hábitos fuera sencillo, ¡yo estaría flaca! (risas).

¿Por qué cuesta tanto hacer las cosas de un modo distinto a como las hacemos siempre?

—Nuestro cerebro está programado para la eficiencia y la comodidad. Cuando repetimos una acción muchas veces, como ir al trabajo por el mismo camino, nuestro cerebro crea una especie de “autopista mental” para esa actividad. Estas autopistas mentales son rutas neuronales que hacen que la acción sea más fácil y requiera menos energía y pensamiento consciente. Es como estar en piloto automático. Cuando intentamos hacer algo de manera diferente, como cambiar el camino al trabajo, le estamos pidiendo a nuestro cerebro que abandone esa autopista cómoda y bien establecida y que cree una nueva. Eso requiere más energía y esfuerzo.

¿Y qué sucede ahí en nuestro cerebro?

—El cerebro necesita activar nuevas conexiones neuronales, y eso puede ser incómodo al principio. Es como construir una nueva carretera en un terreno desconocido. Además, los cambios significativos, como cambiar de trabajo por ejemplo, pueden provocar incertidumbre y estrés. Nuestro cerebro está diseñado para responder a la incertidumbre con precaución, como un mecanismo de supervivencia. Esto puede hacer que nos sintamos ansiosos o resistentes al cambio.

Entonces, el hecho de que nos cueste hacer las cosas de manera diferente, no es solo una cuestión de pereza o resistencia al cambio

—No. Es una respuesta natural de nuestro cerebro buscando eficiencia y seguridad. Sin embargo, la buena noticia es que gracias a la plasticidad cerebral, podemos entrenar a nuestro cerebro para adaptarse a nuevas rutas y formas de hacer las cosas. Con tiempo y práctica, lo que al principio parece difícil puede volverse más fácil y cómodo.

¿Qué sería la plasticidad cerebral?

—Aunque tu cerebro se resista inicialmente a cualquier cambio, diagramar un nuevo modo de hacer las cosas es esencial para el crecimiento y el aprendizaje. Y acá es donde la neuroplasticidad del cerebro juega un papel crucial. Se refiere a la capacidad del cerebro para cambiar y adaptarse a lo largo de la vida, formando nuevas conexiones neuronales en respuesta a nuevas experiencias, aprendizajes, y cambios en nuestro entorno. Pero atención: la neuroplasticidad no se activa automáticamente; requiere que la pongamos en marcha.

¿Qué consejos podrías darnos acá?

  1. Desafiate a vos misma: realizar actividades que sean ligeramente desafiantes, puede estimular tu cerebro a crear nuevas conexiones. Esto puede ser desde resolver rompecabezas hasta cambiar la manera de realizar tareas cotidianas.
  2. Repetición y práctica: la formación de nuevas conexiones neuronales se fortalece con la práctica y la repetición. Al repetir una nueva habilidad o comportamiento, estás ayudando a consolidar esos nuevos caminos en tu cerebro.
  3. Atención y consciencia: prestar atención plena y estar consciente de tus acciones y pensamientos es clave. Al ser consciente de lo que hacés, podés elegir deliberadamente actividades que promuevan la neuroplasticidad.
  4. Variabilidad y novedad: exponerse a nuevas experiencias y cambiar tu rutina habitual, puede estimular el cerebro de manera efectiva. La novedad obliga al cerebro a interpretar y adaptarse a otras informaciones o entornos.
  5. Mantener una actitud positiva y de crecimiento: creer que podés mejorar y aprender nuevas cosas es fundamental. La mentalidad de crecimiento permite afrontar desafíos como oportunidades de aprendizaje, lo cual es esencial para la neuroplasticidad.
  6. Cuidado del cerebro: mantener un estilo de vida saludable que incluya ejercicio regular, dieta equilibrada, sueño adecuado y manejo del estrés, también apoya la salud cerebral y la neuroplasticidad.

¿Y qué ideas podemos pensar en lo cotidiano para hackear la mente y ver nuevas posibilidades?

—Abrir escenarios novedosos en nuestra vida cotidiana es una excelente forma de estimular el cerebro y descubrir otras posibilidades. Te comparto algunas ideas:

  1. Ir a trabajar por un camino nuevo: cambiar la ruta habitual para ir al trabajo puede ser un gran comienzo. Esto obliga al cerebro a estar más alerta y atento al entorno, lo que estimula la creación de nuevas conexiones neuronales. Además, puede ayudarte a ver el mundo desde una perspectiva diferente, incluso descubrir lugares interesantes que no habías visto antes.
  2. Cambiar la rutina matutina: alterar el orden o la manera en que realizás tus actividades matutinas, como cambiar el horario para ducharte, desayunar algo diferente, o leer mensajes en Whatsapp en otro momento, puede desafiar a tu cerebro a adaptarse a nuevos patrones. Esto mejora la flexibilidad cognitiva, que es la capacidad del cerebro para adaptarse a cambios y situaciones nuevas.
  3. Aprender una nueva habilidad o hobby: ya sea tocar un instrumento, aprender un nuevo idioma o practicar un deporte diferente.
  4. Socializar con otros grupos de personas: interactuar con personas fuera de tu círculo social habitual puede exponerte a nuevas ideas y perspectivas. Esto no solo es enriquecedor culturalmente, sino que también fomenta la empatía y la comprensión, y desafía al cerebro a procesar y responder a diferentes tipos de interacciones sociales.

La idea es salir de nuestra zona de confort y abrirnos a nuevos estímulos y desafíos. Esto contribuye a una mayor agilidad mental y bienestar emocional. 

¿Qué habilidades necesitamos poner a jugar para desafiar al cerebro? 

—Debemos saber que, inicialmente, el cerebro tiende a resistirse al cambio. Esto se debe, como te mencionaba antes, a que está programado para la eficiencia y la seguridad, prefiriendo seguir caminos neuronales ya establecidos. Sin embargo, con las estrategias adecuadas, podemos superar esta resistencia y fomentar la creación de nuevos circuitos neuronales.

¿Podrías mencionarnos algunas actitudes que nos pueden ayudar?

  1. Intención clara: tener un propósito claro y comprender el por qué detrás del cambio que queremos hacer es fundamental. Esto proporciona una motivación que puede impulsar la acción, incluso cuando el cambio se siente desafiante.
  2. Voluntad y compromiso: la voluntad implica la determinación de seguir adelante a pesar de las dificultades. Es la fuerza que te empuja a actuar según tus intenciones. El compromiso con el cambio, incluso cuando es incómodo o desafiante, es crucial.
  3. Curiosidad y mentalidad abierta: cultivar una actitud de exploración y apertura puede ayudar a superar la resistencia al cambio. La curiosidad nos lleva a experimentar y aprender, lo que es esencial para formar nuevos circuitos neuronales.
  4. Paciencia y persistencia: el cambio no ocurre de la noche a la mañana. Reconocer que la formación de nuevos hábitos y patrones de pensamiento lleva tiempo, puede ayudar a mantener la motivación incluso cuando el progreso parece lento.
  5. Enfoque y atención consciente: al prestar atención consciente a nuestras acciones y pensamientos, podemos identificar patrones habituales y hacer ajustes deliberados. Esto nos ayuda a mantenernos en el camino hacia el cambio deseado.
  6. Apoyo y entorno favorable: rodearse de un entorno y personas que apoyen el cambio deseado puede hacer una gran diferencia. El apoyo social puede proporcionar aliento y responsabilidad.
  7. Recompensas y celebración de logros: reconocer y celebrar pequeños logros puede reforzar los nuevos circuitos neuronales. Las recompensas activan el sistema de placer del cerebro, lo que ayuda a consolidar los nuevos patrones de comportamiento.

El cuento del peceto
(Autor desconocido)
Había una madre que siempre que cocinaba el peceto, le cortaba las puntas antes de ingresarlo al horno. Un día, la hija le preguntó por qué hacía esto, si las puntas eran la parte más rica. La madre le respondió que lo hacía porque de esa manera se cocinaba mejor. Le explicó que su madre lo hacía así, y que era algo que venía de generaciones. La hija, no conforme con la explicación, decidió llamar a la abuela para chequear esta información. En ese mismo instante, la abuela largó una carcajada y le dijo: “Querida, cuando yo llegué de Italia, la única fuente que tenía era bastante chica, con lo cual, el peceto sólo entraba si le cortaba las puntas. ¡No me digas que tu madre le corta las puntas al peceto!”.

¿Un dato más? Si querés seguir interiorizándote en este tema, te recomendamos para que leas el libro En cambio, de Estanislao Bachrach.

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2 Comentarios

  1. cginer

    Muy interesante la nota, y resume muy bien las técnicas para cambiar un hábito o sustituirlo. Gracias!

    Responder
  2. adriana moral

    Hermosa nota ! El cuento del peceto me hizo reir mucho ! Cuantas cosas podemos hacer por repetir,repetir , repetir, sin traer a conciencia el motivo. Muchas gracias por brindarnos tantas enseñanzas !!!!!!

    Responder

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